Artesanía con madera reciclada: la belleza de lo imperfecto

Nov 7, 2025 | Cachupín

“Trabajo con madera recuperada por convicción y por estética. Cada viga, contraventana o puerta que llega al taller tiene una historia que merece seguir viva a través del arte”.

¿Por qué un artesano elige trabajar con materiales reciclados?

En mi caso, la respuesta tiene tanto de convicción como de estética. Me llamo Javier Ruiz-Cuevas, aunque casi todos me conocen como Cachupín y desde hace más de dos décadas dedico mi vida a transformar maderas recuperadas en obras que buscan emocionar y dar nueva vida a lo que otros dejaron atrás.

¿Qué hace tan especiales a las maderas antiguas?

Siempre me han atraído las superficies que cuentan historias. Vigas, contraventanas, puertas, tableros… piezas que alguna vez formaron parte de una casa, de un lugar lleno de vida. Esas maderas antiguas, con sus grietas, su pintura descascarillada y su olor a tiempo poseen una personalidad imposible de reproducir. En ellas hay memoria, y también posibilidad.

Mi taller se nutre de esos hallazgos, materiales procedentes de demoliciones de casas viejas, de restos de carpinterías o incluso de chatarra, donde a veces aparece una pieza que, sin saber por qué, pide ser convertida en arte. Elegir madera reciclada es una forma de respeto pero también una búsqueda estética, ninguna veta es igual a otra, y cada imperfección se convierte en parte de la obra.

¿Qué historia esconden algunas de las obras premiadas?

Una de esas historias especiales llegó durante una ruta por Las Caldas. Al pasar por el balneario vi que estaban reformando el edificio. Pregunté si podía recoger algo del material que estaban retirando y me dejaron acceder a la escombrera. Aquellas contraventanas, vigas y puertas se transformaron más tarde en piezas únicas. Entre ellas, una muy especial, “Carnaval de las Caldas”, galardonada con el Premio Pieza Única de Artesanía de Asturias 2006. Significó mucho más que un reconocimiento, fue la confirmación de que el camino que había elegido tenía sentido.

Ese mismo año, otra obra, “Cibeles”, también fue galardonada con el Premio Pieza Única ArteGijón. Ambas compartían una misma esencia, la transformación de materiales recuperados en piezas cargadas de vida y memoria. Más adelante llegaría “Flores en la Azotea”, realizada igualmente sobre madera de demolición, reafirmando esa idea de que el arte puede ser, al mismo tiempo, creación y renacimiento.

¿Qué significa crear con materiales que ya tuvieron otra vida?

Trabajar con madera reciclada es una elección consciente. Lo hago por convicción, porque creo en una artesanía que respeta los materiales, el entorno y las historias que nos preceden. Y lo hago por estética, porque en esa textura envejecida encuentro una belleza viva, imperfecta y auténtica.

Cada pieza que realizo es un diálogo entre lo que la madera fue y lo que puede llegar a ser. Hay emoción en ese proceso, la transformación no solo es material, también es simbólica. Lo que un día fue puerta, ventana o viga vuelve a abrirse, a dejar pasar la luz de otra manera.

¿Qué lugar ocupa la sostenibilidad en la artesanía?

Hoy sigo buscando maderas con alma. Algunas provienen de obras, otras llegan al taller porque alguien sabe que allí se transformarán con respeto. De cada fragmento puede nacer un cuadro o una escultura, pero sobre todo nace una historia.

El arte sostenible no consiste solo en reutilizar materiales, consiste en dar sentido al pasado para construir belleza en el presente. Esa es, al final, la razón por la que elijo trabajar con madera reciclada, porque cada madera guarda la promesa de una nueva vida.

Javier Ruiz-Cuevas

Javier Ruiz-Cuevas

Una vida elegida, hecha a mano

Me llamo Javier Ruiz-Cuevas, aunque muchos me conocen como Cachupín. Es un nombre que viene de una historia familiar y que con el tiempo se ha quedado conmigo, suena alegre, cercano… un poco como lo que intento transmitir en mi trabajo.

Nací en el País Vasco, pero me crie en Gijón, ciudad a la que me siento profundamente unido. Durante años trabajé en una oficina en la empresa familiar, hasta que pasados los treinta decidí cambiar el rumbo. Dejé la rutina de despacho por la incertidumbre y el placer del taller. Hoy puedo decir que fue una de las mejores decisiones que he tomado.

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